Grafología, esa gran desconocida

La Grafología se nutre de diferentes principios, leyes y técnicas que permiten examinar la personalidad de cualquier tipo de persona. Aunque tiempo atrás ya se investigaba acerca del sentido de la escritura, el primer tratado que hizo referencia a esta ciencia no fue escrito hasta principios del siglo XVII, por el francés Hippolyte Michon, al cual se le considera el padre de la Grafología.

Como en muchas ciencias, en la Grafología existen diferentes escuelas de conocimiento, las cuales se han visto impulsadas por distintos maestros grafólogos. Entre las más reconocidas se encuentran:

  • La escuela francesa: conocida por ser la impulsora de la Ley de la mímica. Sus grafólogos más destacados fueron Crepieux-Jamin y el ya mencionado Hippolyte Michon. Esta escuela fue la impulsora del estudio del grupo de gestos que el escribiente realiza de forma inconsciente y que a día de hoy, más se tiene en cuenta a la hora de realizar un informe psicografológico. El análisis se centra en aspectos como el tamaño y la forma de la letra, la dirección de las líneas, su inclinación, la velocidad y por último, la cohesión con la que se forman las palabras.
  • La escuela suiza de Max Pulver, centrada en las zonas gráficas en las que se divide la escritura en el papel, en la palabra o en una letra. Trazando una cruz y teniendo en cuenta que el centro del escrito representa el YO, se tendría en consideración que la parte superior representaría lo espiritual, la inferior lo material, la zona derecha las metas o el futuro, y la izquierda se referiría bien al pasado o bien a la familia.
  • La tercera escuela grafológica de prestigio fue la escuela alemana de Honroth y Schermann, con su movimiento emocional defendía la teoría de que en la escritura aparecen las motivaciones de la persona y la parte más inconsciente del individuo. Según esto, no escribimos de la misma forma todas las palabras.
  • Nuestro referente español es el recientemente fallecido Mauricio Xandró, precursor de la escuela española, la cual se acoge a la teoría de la Ley profunda. Esta teoría estudia el mundo de lo consciente e inconsciente, mostrando la forma en la que éste queda reflejado en el papel.

El acto de escribir es un hecho tan natural en nuestra vida desde que lo aprendemos en la niñez que lo realizamos de forma inconsciente y no nos damos cuenta del gran número de mecanismos que activamos en nuestro cuerpo. Desde los movimientos físicos que realizamos con la mano y el útil de escritura, hasta los psíquicos que afectan a nuestras motivaciones.

No escribimos de la misma forma palabras como vida o muerte; ni cuando estamos enfadados, tristes, alegres o eufóricos. La escritura puede variar de forma muy notable cuando recibimos una mala noticia o bien cuando enfermamos.

Matilde Ras dijo sobre la escritura: «es la pista más segura para observar lo más escondido de la personalidad» (2005).

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